La escapada perfecta


Llegó su cumpleaños y decidí regalarle una escapada romántica, una escapada perfecta, cosa que nos encanta. Es importante en nuestra relación dedicarnos tiempo, disfrutarnos y salir de la rutina.


Recuerdo que cada día madrugaba para salir a la terraza a ver el amanecer con su compañía, un café y poca ropa. Con una de sus camisetas bastaba para apreciar el espectáculo desde el palco.

-¿No te parece alucinante el color tan vivo que tiene este amanecer?- Pregunté ensimismada mirando hacia el mar.

-Si, es como un naranja intenso que te ciega. Se ve aún más bonito reflejado en ti. Te queda bien ese tono anaranjado bañándote la piel.- Afirmó.

Ese tipo de comentarios hacen que me derrita. Pienso que está pendiente de mí, que se fija en los detalles. Me hace sentir cosas bonitas… Me hace SENTIR, sin más miramientos.

El cielo se va apagando y el intenso naranja desaparece lentamente para ir dando paso al claro azul cielo, así que es momento de ir preparándose. Lanzarote tiene rincones espectaculares y no nos vamos a pasar el día en la terraza de un apartamento en medio del bullicio turístico.


Que si, que la playa Papagayo está muy bien pero… Preferimos ver más y salir un poco de lo turístico 100%. Echamos a andar justo por una de las playa que está al lado y, tras diez minutos, encontramos un rincón escondido entre unas rocas que nos daba algo intimidad además de fácil acceso al mar. Nos despojamos de la ropa para que el sol intentase dorarnos la piel. A los cinco minutos nos quitamos el bañador. No hay experiencia igual que la de sentir el aire rozando todos los rincones de tu cuerpo y que zonas que nunca ven la luz sean acariciadas por el sol.

Fuente: Pinterest

Si, hacía calor pero mi temperatura cada vez subía más y no era solo por el sol. No hay nada que me excite más que estar en una playa sin ropa, ponerme las rayban y vigilar quien observa mi desnudez furtivamente. El calor aprieta sin miramientos; el cuerpo y el agua turquesa incita a un baño refrescante de inmediato. Nos adentramos juntos en el mar y mis pezones endurecen con solo tocar el agua. A medida que avanzo, el agua se me va colando por todos los rincones, incluso llegando a zona delicada. Casi veo salir humo cuando el agua llegó ahí (permitanme un poco de humor)



“Hay que ser cautos y rápidos, ya que estar en un sitio público complica la tarea. “


Nadamos un poco, jugamos en el agua y nos decimos cosas algo sucias. Primero sale él y luego yo. Veo como se mueven sus nalgas al andar, como algunas gotas se deslizan sin contemplaciones por su piel, como brilla su cuerpo. Nos tiramos sobre las toallas entre risas y chascarrillos. Nos abrazamos y comemos a besos.

-Vaya… pensé que era la única a la que esta situación le excitaba- Comento mientras señalo su erección.

– ¿Qué esperas? ¿Qué esto no ocurra mientras estamos abrazados y desnudos en una playa paradisíaca? Uno no es de piedra- Afirma mientras me aprieta más fuerte contra sí, pudiendo notar toda su dureza.

Con este panorama, la mañana se torna interesante. Giro el cuerpo dándole la espalda y me posiciono en cucharita. Sin perder tiempo, desliza su mano entre mis muslos para acariciarme mientras no quitamos ojo por si aparece algún explorador. Cuando considera que hay suficiente liquido emanando de mi cuerpo, levanta un poco mi nalga para entrar con firmeza pero lento, suave, delicado. Hay que ser cautos y rápidos, ya que estar en un sitio público complica la tarea. Sin salir de mí, vuelve a deslizar su mano entre mis muslos para jugar con el clítoris y poder recibir mi dosis de orgasmo. La presión por no poder hacer ningún tipo de sonido me hace excitarme aún más. Muerdo la toalla con fuerza porque el climax está justo ahí. Y si que estaba, si…

Él no pierde el ritmo, es más, lo intensifica. Su pelvis golpea mis nalgas y las siento rebotar con cada embestida. Tras cuatro o cinco sacudidas más, no puedo recordarlo con exactitud, me aprieta el hombro con fuerza; gesto que me indica que su orgasmo se acerca. Y llegó. Vaya que si llegó. Vuelvo a girar mi cuerpo para fundirnos en besos y caricias después de semejante experiencia.

-¿No crees que hace demasiado calor?- Pregunta mientras me guiña el ojo. Sonrío, me levanto y le ofrezco mi mano para irnos de nuevo al agua. Este calentón hay que terminarlo de bajar.

Sin duda nuestra escapada romántica fue una escapada perfecta. Nos dejó con vivencias muy difíciles de compartir con familia o amigos. Realmente no necesitamos contarlo a nadie, aunque bueno, tú ya lo sabes…


Nos leemos pronto, lo prometo.

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